Muchas veces, cuando hablamos con nuestros clientes nos sorprendemos –bueno ya no- de que en la mayoría de los casos no han hecho testamento. La respuesta viene a ser algo así como que les da, miedo, aprensión o, como diría Tarzán, “yu-yu”; o que: “sí, tienes razón, alguna vez lo he pensado pero no he encontrado el momento”.

Pero hacer testamento es muy fácil:

  1. te acercas a un notario,
  2. le dices que quieres testar,
  3. te asesora en el cómo,
  4. lo redacta y lo firmas
  5. te guarda una copia y le pagas menos de 40 euros.

Menos de 40 euros te van a evitar muchísimos problemas.

Un accidente repentino, una enfermedad rápida e inesperada…

Si no lo arreglas tú en vida, la Ley lo arreglará por ti tras tu fallecimiento; pero seguramente no como tu quisieras.

Si no hay testamento, o no aparece o es nulo, la ley determina quiénes son tus herederos. Las siguientes personas -y en este orden- son las llamadas a heredar:

Descendientes, ascendientes, cónyuge, hermanos y sobrinos.

¿Es así cómo lo quieres?